La comida simple del Riu Vallarta

Imagínense en la playa, están acostados en una hamaca, las olas suenan a lo lejos, el sol brilla entre las palmeras y el viento carga ese olor a mar tan distintivo. De pronto, les da hambre.

La comida es sin duda, al menos para mí, uno de los aspectos más importantes de un viaje. Sobre todo con los precios de un hotel todo pagado. Del 19 al 22 de septiembre me quedé hospedada en el hotel Riu Vallarta, y si bien mi experiencia en general fue bastante satisfactoria, la comida que servían dejaba bastante que desear.

El hotel cuenta con cuatro restaurantes temáticos, uno italiano (II Gusto), uno gourmet (Kulinarium), uno asiático (Nirvana) y un steak house, además, el puesto de snacks y el buffet. Los restaurantes temáticos suelen abrir solamente por las noches, y el snack por las tardes, de modo que la fuente de alimento principal es el buffet. Concentrémonos en este y luego en los dos temáticos a los que fui.

Nunca llegué a cenar ahí, pero mi desayuno y mi comida la pasé en ese restaurante la mayoría de las veces. Si me llegasen a preguntar qué fue lo más rico que comí, diría, sin dudar, que fueron los postres. Mis respetos honestos para el chef que los hacía, porque desde algo simple como el helado y la gelatina, hasta los pastelitos y donas, eran realmente deliciosos. Pudiera haber comido postres y nada más durante toda mi estadía, y no bromeo, porque el resto de la comida era… plana.

Honestamente no se me ocurre otro adjetivo para describirla. No era mala, no sabía mal para nada, pero tampoco sabía bien. Era el tipo de comida que cualquiera puede hacer, nada digna de un hotel. Primero que nada, los platillos llegaban a ser demasiado básicos o repetitivos día con día, pero entiendo que es difícil alimentar a cientos de personas todos los días y además darles variedad, así que eso no me molestó demasiado. Mas la comida en sí no tenía nada de especial, algún sabor o algo que te hiciera chuparte los dedos. Nada. Creo que sobre todo la carne fue lo peor; estaba demasiado seca.

Lo más rico del buffet resultó ser aquello que no requería mucha preparación: el capuchino, el yogurt, el jugo, los panqueques. Sin embargo, en general no hay nada que recuerde con particular cariño, con ganas de volver a probarlo.

Ahora, como desde un primer momento mi acompañante y yo nos dimos cuenta que el buffet no tenía nada de especial, decidimos intentar con los restaurantes temáticos para cenar. Primero fue el turno de Kulinarium, el gourmet. Ahí se pedía a la carta, eran tres platillos (entrada, plato fuerte y postre). La entrada estuvo bastante normal (aunque no tengo ni la menor idea de qué era), el plato fuerte era una especie de carne sin sabor y el postre fue lo que salvó la velada.

Otra de las noches fuimos a Nirvana, ahí debo decir que la comida si que estaba deliciosa, no solo los postres. Se trata de un restaurante buffet asiático donde había comidas esperadas (como el teriyaki o los rollitos primavera) y otras que no conocía pero resultaron ser deliciosas. Mi favorito fue el sushi y los mochis.

En nuestra estadía también llegamos a probar el snack, y nos dimos cuenta que las papas a la francesa y los tacos estaban buenos, pero solo eso.

Ya para dejar ya de quejarme, debo decir que la mayor parte de la comida era muy simple y sin sabor. Hubo sus pequeñas excepciones, como ya mencioné, y de las bebidas no tengo queja alguna, pero si se generaliza, la comida del Riu Vallarta no es muy buena para ser un hotel tan famosillo. Ni yo ni mi acompañante somos chefs profesionales, pero ese es precisamente el punto, que hasta personas normales como nosotras fuimos capaces de ver una falta en los alimentos.


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