Viajar en tiempos de COVID-19

A finales de febrero e inicios de marzo hubo un viaje para varios estudiantes a la Universidad de Tsukuba en Japón, con motivo de promocionar el intercambio cultural. A pesar de que en esos tiempos el coronavirus en Japón estaba un poco fuerte, y que la enfermedad estaba llegando a México, todo salió relativamente bien para los invitados. Sin embargo, lo que la mayoría de gente no sabe, es todo lo que implica viajar a otro país una semana antes de una declaración de pandemia. A mí me tocó vivirlo, y puedo decir que no es nada igual a ir en cualquier otro momento.

La convocatoria para poder ir a Japón había salido en diciembre, cuando los vestigios del coronavirus apenas estaban siendo escuchados, así que por ese entonces no se le dio mucha importancia al respecto. Después de eso, tuve que esperar casi otro mes para poder saber si había sido aceptada, por ello, oficialmente mis preparativos de viaje empezaron a inicios de febrero; cuando la pandemia ya se veía bastante probable. A pesar de eso, no dejé que el hecho de una posible cancelación arruinara mis planes, así que esperando lo mejor, me preparé para viajar a un país que iniciaba el estado de emergencia.

Una de las primeras cosas que hice, no si bien recibí los boletos de avión, fue preguntar a mis conocidos que vivían allá sobre cómo veían la situación del COVID-19. La mayoría no me decían cosas demasiado malas, simplemente que tuviera cuidado, que me lavara las manos y que llevara cubrebocas porque ya estaban escasos. Así que ni bien tuve un momento libre, me dirigí a la farmacia más cercana y compré varios paquetes de cubrebocas de doble capa. Más adelante también adquirir botes de gel antibacterial pequeños (ya que no debes viajar en el avión con uno de más de 100ml), guantes de látex y muchos paquetes de toallitas desinfectantes. Al empacar mi maleta, gran parte del espacio lo ocupaban productos de higiene, mis cosas personales estaban bien guardadas en bolsas herméticas.

Por otro lado, un viaje al otro lado del mundo en tiempos de pandemia no es precisamente seguro, por lo que además de tener que adquirir un seguro de viaje obligatorio que cubriera todo, la Universidad de Tsukuba nos pidió firmar un documento en el que básicamente prometíamos no demandarlos en caso de que nos llegara a pasar algo. En el documento no especificaba nada del coronavirus, pero éste nos lo enviaron una semana antes del viaje, cuando ya nos habían pedido todo lo necesario y la enfermedad estaba más fuerte, así que fue notorio que lo hacían por motivos del COVID-19.

Cuando llegó el momento de viajar me preparé con una mochila donde, aparte de mis accesorios personales, guardé algunos otros cubrebocas, gel antibacterial, etc., estos solamente para que me sirvieran en el vuelo de ida. Si bien no había (en ese momento) casos de coronavirus confirmados en México, iba a ir a un aeropuerto, sitio donde hay mucha gente de varios países y más probabilidades de contagio.

Imagen borrosa por la emoción que sentía

Hacer check-in en el aeropuerto de Guadalajara fue bastante normal, la mayoría de la gente no portaba cubrebocas y se nos quedaban viendo raro a mis compañeros y a mí, los únicos que parecían “protegerse” eran los trabajadores del lugar. Esto mismo se repitió en el aeropuerto de la Ciudad de México, aunque aquí sí vi a no-trabajadores usar cubrebocas; la mayoría tenían facciones asiáticas. Cuando abordamos al avión hacia Tokio esperé que nos hicieran algún tipo de prueba médica, ya que en Guadalajara lo único que hicieron fue preguntarnos si habíamos viajado a China en los últimos 14 días, pero no sucedió nada así, nos dejaron pasar libremente, supuse que porque en México todavía no había casos.

Dentro del avión, la mayoría de las personas usaban cubrebocas, así que todo fue relativamente seguro hasta que aterrizamos en Tokio. A llegar ahí, si soy honesta, esperaba que nos recibieran con medidas de seguridad estrictas, incluso llegué a pensar que nos harían una prueba de COVID-19, pero no fue así. La gente se protegía y había varios puestos donde se podía poner de una especie de agua antibacterial en las manos, pero sólo nos preguntaron si habíamos estado en China en los últimos catorce días y después nos dejaron pasar sin problema.

Hasta ese momento de mi viaje todo había pasado bastante normal teniendo en cuenta que estábamos a orillas de pandemia, así que mi preocupación por el coronavirus en Japón disminuyó notablemente. Ya más entrado el viaje, hubo problemas causados por la pandemia del coronavirus. Por ejemplo, en un principio se tenía planeado viajar a Tokio por parte de la escuela, pero esto se canceló. También, varios de los museos y actividades que pertenecen a la prefectura de Ibaraki estaban cerrados por seguridad. Sin embargo, en todos los lugares a los que fuimos puede notar que en las entradas siempre había un líquido especial para las manos que te recomendaban ponerte antes de entrar. En algunos lugares incluso se impedía la entrada a menos que se llevara cubrebocas.

La seguridad e higiene en su mayoría pasó a ser relativamente tarea de cada quien. Personalmente me encargué de limpiar todo el dormitorio donde me quedé esa semana, usar siempre cubrebocas (incluso olvidé quitármelo para algunas fotos), no quitarse los guantes en las grandes ciudades, ponerse antibacterial regularmente, en fin, todas las medidas que nos recomendaron. La Universidad nos regaló un gran bote de jabón para que usáramos siempre que pudiéramos y establecieron a algunos alumnos para que cargaran termómetros en caso de que el resto deseáramos tomarnos la temperatura, aunque no era obligatorio.

En general, mi experiencia en Japón fue genial a pesar del coronavirus. Mientras estuve allá, me llegó la noticia de que en México se habían confirmado algunos casos de la enfermedad, así que cuando fue tiempo de regresarnos, y porque íbamos a aterrizar de un vuelo proveniente de Japón (que era de los países con más casos en ese momento), pensé que en el aeropuerto de la Ciudad de México la seguridad ahora sí iba a estar más reforzada. No obstante, al momento de llegar ahí ni siquiera nos prestaron atención, como si hubiéramos llegado de cualquier otro lado, no nos preguntaron nada, o nos tomaron la temperatura, nada. Lo mismo pasó cuando estuvimos en el aeropuerto de Narita y cuando llegamos de Ciudad de México a Guadalajara. En ninguno se nos prestó la mínima atención y honestamente me sorprendió un poco porque en ese momento decían ya estar implementando medidas de seguridad en aeropuertos.

Una vez en Guadalajara, no se nos pidió guardar cuarentena luego de llegar de Japón, así que pensé que no sería importante y por ello no me propuse hacer una por mi cuenta, a pesar de ello no me enfermé ni contagié a nadie, pero me doy cuenta que tal vez debí hacerlo. Si la seguridad médica fue insuficiente o no, sí llegué a pensarlo después de mi regreso, aunque mayormente lo relacioné con que en ese momento la enfermedad todavía no era declarada pandémica. Al final, lo que más me importaba es que lo había pasado bien, con o sin coronavirus, regresé a mi hogar con una maleta llena de comida en donde antes había productos de higiene.


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