El coronavirus está en Tokio, y yo también

Cuando apliqué a la Universidad de Tsukuba para un curso intensivo de lengua y cultura, nunca pensé el lío que se vendría con el coronavirus. Pero este no es un post sobre la enfermedad, sino sobre lo hermoso que es Tokio y la poca justicia que le hacen las fotos.

Mis compañeros y yo llegamos el 27 de febrero al aeropuerto de Narita para que nos guiaran a la Universidad, yo iba completamente decidida a pasar mi semana por allá solamente en la prefectura de Ibaraki porque me parecía que arriesgarse a ir a Tokio era demasiado. Por supuesto, no contaba con que la presión social y esa vocecita en mi cabeza de “una oportunidad así no ocurre todos los días” fueran suficientes para convencerme de romper mi voto y subirme al tren hacia Akihabara.

Así que sí, después de una pequeña bienvenida (donde más que nada nos hablaron de reglas y papeleos), mis compañeros mexicanos y yo nos fuimos a Tokio. Guantes de látex, cubrebocas, gel antibacterial y ¡al tren!

Decido poner todo mi viaje por Tokio en un speed post porque, honestamente, mi visita a la capital fue un rapidín, solo fuimos ese día y como queríamos visitar todos los lugares, estuvimos como una o dos horas en cada uno.

Primera parada: Akihabara

Akihabara es un mundo de colores. Ya, eso es todo. No, en serio, en Akihabara, el cielo de los otakus, no hay edificio o construcción que no esté llena de color o espectaculares extraños.

En una de las avenidas principales que cruzamos se podían ver de un lado y de otro billboards en honor a SEGA, Nintendo, Fate, o cosas de ese estilo. Las tiendas se alineaban de un lado y de otro, y dentro de los edificios de más de siete pisos había más por ver. Todo era bonito, colorido, y lleno de hiraganas y kanjis. En definitiva, el cielo de los otakus. Y yo, como no soy extraña al anime, me encantó.

Teníamos pensando hacer la siguiente parada en Asakusa antes de que cerraran el tempo Sensoji, por lo que nos dimos un tiempo bastante limitado: una hora para recorrer Akihabara ¿Imposible? Ya lo creo. UNA HORA. En una hora veo una tienda. Pero, para ser honesta, también tenía muchas ganas de ir a los otros lugares en la lista, por lo que me callé y aproveché al máximo mi mísera hora.

Segunda parada: Asakusa, Sensoji

Aunque también queríamos ir a Skytree Tower, era eso o el templo Sensoji.

El templo Sensoji no es precisamente solo un templo, sino que está compuesto por varias partes. Por un lado está la puerta de entrada hacia un patio que desemboca en el templo. Nosotros llegamos ahí después del ocaso, por lo que el aura y las luces se apreciaban aún más en todo su esplendor. Además, el rededor está lleno de puestecitos de comida y souvenirs que te hacen recordar inmediatamente a los edificios de El viaje de Chihiro.

Las fotos que tomé no hacen ni un poco de justicia a la magnificencia de este lugar. En las imágenes, las construcciones se ven mucho más pequeñas de lo que en realidad son, mucho menos imponentes y perfectas. Mil disculpas, no soy fotógrafa profesional, pero en lugares así, sí que me gustaría serlo.

Tercera parada: Shibuya

Y de nuevo, solo tuvimos una hora para apreciar la majestuosidad de Sensoji antes de dirigirnos a nuestra siguiente parada.

Shibuya es… Shibuya. Por si no sabes, es ahí el lugar donde se encuentra Hachiko fuera de la estación Tokio y el famoso cruce que sale en todas partes. Y sí, había más gente que en los anteriores lugares a los que fuimos ¿más probabilidades de coronavirus?

Después de tomarnos la foto “obligada” con Hachiko, nos separamos en varias direcciones. Al parecer, tendríamos más tiempo en Shibuya en en los anteriores recorridos porque decidimos tomar el último bus y luego caminar al campus (más caro, más tardado, pero nos compraba más tiempo en Tokio).

Si soy honesta, no tengo ni la menor idea de a qué parte del Shibuya crossing nos dirigimos, solo sé que tomamos una dirección random y empezamos a caminar.

Esa parte de Tokio es preciosa, y no lo digo por los japoneses guapos que nos encontrábamos al caminar, sino por los altos edificios, que, aunque también hermosos, no eran nada parecidos a los de Akihabara. Era una belleza distinta, más seria, más nocturna, más de fiesta. En nuestras caminatas de vez en cuando nos topábamos con esos callejoncitos que sabes que existen en Tokio pero que no se les da mucha importancia. Pequeños, acogedores, llenos de luces y promesas mágicas.

Pero la belleza tiene que terminar, y llegó un punto en nuestro tour en el que tuvimos que regresar a la universidad, después de todo, estábamos ahí para estudiar ¿no?


¡Gracias por leer Aguacate Bilingüe! Recuerda que puedes seguir el Instagram para más fotos o suscribirte por email para no perderte ninguna actualización. Bye bye ~

2 comentarios sobre “El coronavirus está en Tokio, y yo también

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